Thursday, February 2, 2012


La sangre como símbolo maldito de Hugo Chávez

La semana que viene abordaré la última variable de las cuatro que prometí discutir y profundizar con mis lectores y detractores. La variable restante es “la determinación del pueblo venezolano en aras de recuperar su libertad”. Ya dilucidamos el cáncer terminal del dictador, la situación interna de las Fuerzas Armadas y la dinámica político-partidista, incluyendo las primarias del 12 de febrero.

He querido hacer un paréntesis antes de abordar la variable final de la próxima semana, dada la importancia que tendrá la celebración del 4 de febrero (golpe de estado sanguinario) en la psiquis del colectivo nacional, especialmente en una fecha tan cercana a las elecciones primarias, por medio de las cuales se escogerá al candidato unitario de la oposición.

Es necesario que entendamos el momento histórico que vive el país, no solo el país democrático, si no también el país chavista (moderados y radicales), que cada día se ven forzados a digerir la idea de que muy probablemente su líder mesiánico tiene cáncer terminal, se morirá y los dejará en la orfandad total en un año electoral.

Lo anterior ya no se discute, suficientes pruebas les he dado en mis artículos anteriores, además de colocar los enlaces necesarios de periódicos y personalidades de renombre nacional e internacional que lo afirman y lo confirman.

Es por ello que la celebración del 4 de febrero, la última de Hugo Chávez dada su condición de paciente terminal-desahuciado, es tan importante para él y su entorno militarista.

Hoy, 2 de febrero de 2012, se cumplen 13 años de la juramentación del dictador insepulto como “presidente” de la nación. Desde sus inicios, el régimen de Hugo Chávez ha estado signado por la muerte, la sangre, el dolor y la destrucción.

Su verbo y sus acciones han sido incisivos, divisorios, delictivos, sangrientos y hasta genocidas (se ha discriminado y execrado a una parte importante de la sociedad de manera sistemática, violentando sus derechos humanos de manera pública y notoria).

 Desde el deslave de Vargas, pasando por el 11 de abril, plaza Altamira, referéndum revocatorio, lista Tascón, paro petrolero, botados de PDVSA, expropiaciones, secuestros, exiliados, presos políticos, asesinatos selectivos, etc; su mandato dictatorial ha sido caracterizado por la violencia y la muerte en un grado de desnaturalización pocas veces visto en el continente suramericano, por lo menos en las últimas décadas y de manera ininterrumpida.

Los casi 200 mil venezolanos que han muerto de forma violenta bajo su régimen criminal en estos 13 años, son prueba fehaciente de que la sangre y la muerte son variables necesarias para mantenerse en el poder por medio de la angustia, la zozobra y la desesperación.

El régimen de Hugo Chávez ha sido un régimen maldito que se ha edificado y actualmente se desmorona sobre las lágrimas, la sangre, el dolor y el sufrimiento de millones de venezolanos.   

En su afán de querer aferrarse a la vida y en total negación de su estado actual, después de haberle vendido el alma al diablo a través de paleros y babalaos afro-cubanos, Hugo Chávez utilizará su última celebración del 4 de febrero como colofón de su régimen militarista sanguinario y delictivo.

El autócrata moribundo tratará de aparentar una salud impecable después de haber sido dializado y colmado de fármacos, esteroides y calmantes, vestido y acicalado tal vez con el uniforme militar que se le ha diseñado a su medida, con grados y distinciones auto impuestas en su calidad de Comandante- General en Jefe / Presidente / Monarca caribeño y Dios del Olimpo.

El dictador insepulto utilizará el 4 de febrero para continuar desgastando la psiquis del colectivo nacional; amedrentando, amenazando y jurando en que gobernará hasta el 2031 porque ha sido curado por obra y gracia del espíritu santo, el cristo de la Grita, la Virgen o José Gregorio Hernández.

Sus palabras llenas de odio y altisonantes resonarán por última vez un 4 de febrero en los barrios y caseríos de la patria, mientras los aparatos de guerra comprados a Rusia y China por billones de dólares, revolotearán a su alrededor colmando su espíritu moribundo de satisfacción y mórbida alegría.

 Todo ocurrirá bajo la mirada cómplice y burlona de su Alto Mando Militar, que bajo cuerda tienden puentes con los políticos y militares patriotas para salvar su pellejo, a sabiendas de que el desenlace final es cuestión de meses. Lo propio hacen los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, que hasta hace pocos días le celebraban sus morisquetas.

En el desfile militar del 4 de febrero, se celebrará la muerte de cientos de compatriotas que murieron hace 20 años defendiendo la democracia y un modo de vivir republicano. Una verdadera antítesis moral y espiritual, ya que su verdadero significado debería ser de luto, meditación e introspección.

 Seguramente Hugo Chávez y algunos de sus seguidores más radicales y enfermizos, se sentirán a sus anchas, e imagino que por minutos el tirano olvidará que es un muerto físicamente insepulto (su alma murió hace mucho tiempo) que ha destruido a todo un país y le ha robado el futuro a una generación completa.

Sus muecas torcidas y sus ojos destellantes de maldad, demostrarán una vez más un espíritu vacío que ni siquiera ante sus últimos días terrenales, tiene la capacidad de hacer contrición ante su pueblo y ante su propia humanidad.  

Se crío entre bayonetas y morirá entre bayonetas porque es la única forma de sentirse a gusto llenando los vacíos y las inconformidades de su espíritu banal. Sus complejos e inseguridades solo se pueden enmascarar entre el sonido y la visualización de aviones de combate, armas de fuego y tanques de guerra.

Su aliento agónico se sentirá a sus anchas por última vez.

   El 4 de febrero del 2012 servirá para cerrar un ciclo militarista-golpista, que comenzó hace 20 años y que nos ha servido para darnos cuenta de lo inhumana que puede llegar a ser una sociedad mal enrumbada, sobre todo cuando adolece de educación y valores morales.

Con la llegada del castro-chavismo al poder y tomando en cuenta su pasado golpista-sangriento, el país se ha visto obligado a enfrentar su propia irracionalidad y sus carencias socio/políticas/culturales de manera frontal.

Hugo Chávez explotó el caldo de cultivo que germinaba en los barrios de la patria y utilizó su mente retorcida para destruir al país, consolidando de paso su proyecto personalista convertido en dictador omnipotente.

El legado del déspota moribundo y del 4 de febrero de 1992, día en el que irrumpió en la vida pública nacional asesinando a cientos de compatriotas, no es otro que un legado de odio y destrucción. Hugo Chávez llegó con la muerte y se irá celebrando la muerte, porque es la única herencia de la que se puede ufanar de manera eficiente y realmente cuantitativa.

La sangre de los venezolanos ha sido y seguirá siendo hasta el final de sus días, el símbolo maldito de Hugo Chávez. ¡Paz y descanso eterno a las almas de nuestros compatriotas asesinados el 4 de febrero de 1992!  Amén…

Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte”

Lao-Tsé





¡Patria, Democracia y Libertad!



Roberto Carlo Olivares









Twitter: @robertocarlo14



02-02-12

No comments:

Post a Comment